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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Vida espiritual

Centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús

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Un regalo para España y el mundo entero

Por Clara Martínez Gomariz, LHM

El pasado 2 de diciembre, el nuncio del papa, Mons. Renzo Fratini, abrió la Puerta Santa de la Basílica del Cerro de los Ángeles en Getafe (Madrid), e inauguró el Año Jubilar concedido por la Santa Sede para conmemorar el primer centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús.

Las celebraciones concluirán el 24 de noviembre de este año, coincidiendo con la festividad de Cristo Rey.

En el Hogar de la Madre hemos querido unirnos a la celebración que la Iglesia ha regalado a España y al mundo entero, publicando durante todo 2019 una serie de artículos dedicados a la espiritualidad, el culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A lo largo de las siguientes entregas, trataremos de profundizar en los orígenes, evolución, significado y actualidad de este tesoro inagotable de gracias que Jesucristo desea derramar sobre toda la humanidad: «Beberéis aguas con gozo de las fuentes del Salvador» (Is 12, 3).

¿POR QUÉ ADORAR AL CORAZÓN DE JESÚS?

El corazón es el músculo que bombea la sangre por todo el organismo, permitiendo que el oxígeno y los nutrientes puedan llegar a los diferentes órganos y tejidos. Al tratarse de un órgano tan vital, lo consideramos centro de la naturaleza del ser y símbolo universal del amor. Amar es un impulso hacia una persona que se torna en centro de todas las inclinaciones del que ama, y el corazón es la palanca que impulsa este amor.

Cuando hablamos del Corazón Sagrado de Jesucristo, nos referimos al corazón físico y verdadero del mismo Cristo, y también al signo y símbolo de su amor, de sus sentimientos, afectos, ternura y virtudes. Nos referimos a todo su Ser: «Es la persona misma de Jesús quien se nos abre en su Corazón, diciéndonos como a Santa Margarita María: “He aquí este Corazón”. Y nosotros, mirando al Corazón que se nos muestra así, aprendemos a conocer la Persona en su fondo. Por esta manera, todo Jesús se recapitula en su Corazón, como todo lo demás se recapitula en Jesús» (Bainvel. La devoción al Corazón de Jesús, cap. VIII).

Por ello se ha dicho, con razón, que el culto al Sagrado Corazón es sustancialmente «el mismo culto al Amor con que Dios nos amó por medio de Jesucristo» (Pío XII, Haurietis Aquas, IV, 29), y que en su devoción «se expresa el núcleo esencial del cristianismo » (Benedicto XVI, 19/6/2009).

EVOLUCIÓN HISTÓRICA

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Es muy difícil resumir la historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, dada la ingente bibliografía existente, que abarca liturgia, iconografía, Teología e Historia política mundial. El núcleo de la Escritura es manifestar el amor de Dios a los hombres, que es la razón principal de este culto.

En el Antiguo Testamento encontramos algunos textos que, leídos a la luz del misterio pascual de Cristo, cobran todo su sentido y nos muestran la riqueza del Corazón abierto del Señor: «Mi Corazón se desgarra de dolor. Esperaba quien me consolase, pero no lo he encontrado» (Sal 69, 20) . Y en Zacarías 13 leemos: «Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza» .

En el Nuevo Testamento se nos revela la novedad revolucionaria «del Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios» (Benedicto XVI, 19/6/2009). A este respecto, está claro que la Virgen María fue la que mejor conoció el Amor de su Hijo y la que más le amó, y los Sagrados Corazones de ambos latieron juntos desde el mismo instante de la Anunciación.

Junto a Ella, el evangelista S. Juan es, sin lugar a dudas, el primer discípulo del Corazón de Cristo, elegido por nuestro Señor al permitirle recostarse en su pecho en la noche de la Última Cena. Según afirman Orígenes, S. Jerónimo, S. Agustín y Sta. Gertrudis, con este gesto penetró en los secretos del Corazón del Señor, en sus pensamientos y sentimientos íntimos, en los misterios divinos; y quedó abrasado en su amor y en deseos de que los hombres le conociesen. Bebió en secreto lo que se habría de ofrecer a todos los hombres a través de su Corazón abierto en la cruz.

La primera gran revelación del Corazón de Jesús hecha a Sta. Gertrudis en el s.XIII, tuvo lugar el día de S. Juan, por su mediación y después de haber estado también ella reclinada sobre el costado de Jesús en la hora de Maitines. En esta revelación, la santa afirma que, mientras el evangelista estuvo recostado sobre el pecho del Señor, sintió sus latidos, dejando su alma impregnada de dulzura y enardecida de amor. «¿Y cómo no dijisteis nada en vuestro Evangelio?», preguntó ella. Porque «el contar la suavidad de estas pulsaciones estaba reservado a los tiempos modernos, a fin de que oyendo tales cosas, el mundo que envejece entorpecido en el amor de Dios, se caldease de nuevo» respondió él.

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S. Juan es el único evangelista que narra el pasaje de la Herida del Costado: «uno de los soldados con la lanza le traspasó el Costado, y al punto salió sangre y agua. Y quien lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis» (Jn 19, 34-35). Y así como del costado de Adán fue formada Eva, su esposa, así del Costado de Cristo fue formada su mayor obra de Amor, la Iglesia, esposa suya.

Tres veces más hará S. Juan mención de la Llaga del pecho de Jesucristo: la primera, el día de la Resurrección, cuando se mostró el Señor a todos los apóstoles reunidos; la segunda y la tercera, en el episodio de la incredulidad de Santo Tomás. Es el único que habla de esa dulcísima Herida: «Les mostró las manos y el costado» (Jn 20, 20) ; S. Lucas -que era médico- dirá simplemente: «Les mostró las manos y los pies» (Lc 24, 40).

A lo largo de la historia muchos santos han profesado gran devoción a este misterio: S. Bernardo, Sta. Clara, S. Buenaventura, Sta. Margarita de Cortona, Sta. Gertrudis, Sta. Catalina de Siena, Sta. Juliana, Sta. Teresa, la Bta. María de Jesús, Sta. Juana de Chantal y S. Francisco de Sales. Y destacan de manera especial: S. Juan Eudes, Sta. Margarita Mª de Alacoque y S. Claudio de la Colombière, el Bto. Bernardo de Hoyos, sor Josefa Menéndez y Sta. Faustina Kowalska.

Aunque esta devoción se fue desarrollando inicialmente en monasterios benedictinos, cistercienses, franciscanos, dominicos y cartujos, a partir del s. XVI la Compañía de Jesús tendrá un papel prominente. Aparecen en este momento las primeras muestras de una devoción propiamente dicha, con oraciones expresamente formuladas y ejercicios de piedad. S. Juan Eudes es considerado el iniciador del culto litúrgico. Compuso una misa y oficio propios, lo que le valió el sobrenombre de Padre, Doctor y Apóstol de los Sagrados Corazones. Sobre ambos escribió en sus libros, instituyó una congregación dedicada a ellos, y consiguió la autorización necesaria para celebrar su fiesta solemne en la Francia de 1672.

Como veremos, también los papas, sobre todo en los s. XIX y XX, favorecieron cada vez más este culto, por ser una providencial devoción para ayudar a la Iglesia y a la humanidad frente a los retos actuales que planteaba la modernidad.

 

©Revista HM; nº206 Enero-Febrero 2019

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