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Categoría: Septiembre

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Viaje misionero a Ecuador con las Siervas del Hogar de la Madre, agosto de 2017.

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Este verano varias jóvenes españolas pudieron participar en un viaje misionero a Ecuador con las Siervas del Hogar de la Madre. El grupo misionero de España visitó para evangelizar las tres comunidades que las Siervas tienen allí y la Selva Amazónica. Durante 20 días las misioneras vivieron un total olvido de sí para darse a los demás y la alegría profunda que de ello procede. A continuación dos jóvenes escriben sobre su experiencia.

“Me llamo Beatriz Fra Amores, tengo 18 años y soy de la Diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). He tenido el inmenso regalo de haber podido participar dos años consecutivos en un viaje misionero a Ecuador. Para mí la Misión es una dosis de misericordia, pues el Señor me lleva allí para hablarme, para caer en la cuenta de que le necesito, que soy nada sin Él; y también de sencillez, pues allí, sin tus comodidades ni facilidades de vida, descubres que lo verdaderamente importante es amar a Dios y reflejar su amor por las almas. Y esto es lo que yo vivo, o intento vivir con Su ayuda, en la Misión.

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Pasamos poco más de 20 días en los que lo único que importaba era cumplir dócilmente la voluntad de Dios e ir allí donde Él nos llevara, ya fuera a una familia, a un colegio, a un encuentro de jóvenes, o a comunidades en la selva. Vas descubriendo con el paso de los días que necesitas la fuerza de la Eucaristía y el descanso de la oración, que no son tan importantes las ayudas materiales que puedas ofrecer, sino llevarles el Amor de Dios que lo puede todo; que por mucho que te esfuerces en ser generosa, buena y agradable, solo lo serás si te dejas hacer por el Señor y pones todo tu ser a su servicio. Esto te enseña y te ayuda a vivirlo bien para que cuando vuelvas a tu casa, al sitio que Dios ha pensado para ti, puedas vivirlo con la misma sencillez y alegría que en el lugar de la misión, entregándote del todo al Señor y no solo con ‘las migajas’. Por eso nos gusta llamar a la Misión ‘la Escuela de Dios’ porque en cada acto, palabra, situación,… el Señor te guía, te enseña y te ayuda a cumplir lo que Él quiere, aprendiendo a mejor amarle y servirle. Es una maravilla comprobar cómo en la sencillez en la que la gente vive allí, el Señor se muestra tan fácilmente y nos acompaña en todo momento, mirando a cada uno de los que allí sufren con inmenso amor e inmensa misericordia.

Por eso animo a todos a tener una experiencia misionera y, por supuesto a hacer de su vida una Misión, a abandonarse del todo en Dios y dejarse hacer por Él, porque el Señor nunca se deja ganar en generosidad.”

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Myriam nos cuenta:

“Para mí el tema de las misiones siempre ha sido algo que he tenido en mente, algo que “cuando fuese mayor debería probar”. Pero no fue hasta este mismo verano que el Señor puso en mi corazón el deseo de dejarlo todo y embarcarme en una aventura con Él como capitán.

La verdad es que ha sido una experiencia inolvidable. Para mí ha significado muchísimo. Ha sido un punto de inflexión más que necesario en mi vida pues antes de ir yo me consideraba una chica feliz: tenía buenos amigos, una familia que me quería, un novio estupendo, en los estudios me iba bien y mi círculo social era bastante amplio. Imagínense el choque mental que sufrí cuando, después de unos días misionando por Ecuador, descubrí que en Alcalá no era tan feliz como pensaba, que tan sólo me limitaba a sobrevivir cómodamente, a tener una serie de cosas o vivencias que me permitían estar bien, alegre, satisfecha, pero no feliz. Y no fue hasta que me encontré en Ecuador, rodeada de todos esos niños y ancianos que visitamos, que tuve la suerte de encontrarme conmigo misma, de sentir cómo un corazón que antes sólo sabía latir, ahora se estremecía dentro de mí desbordado por un amor y una felicidad que nunca antes había experimentado. Me sentía útil para los demás, completa, con la seguridad de que lo que estaba haciendo era lo que Él quería para mí, y, sinceramente, creo que no hay mayor felicidad que la que se alcanza al recorrer el camino que Dios ha soñado para ti.

¿Qué si han cambiado cosas en mí? Sinceramente creo que ni yo ni las otras nueve chicas con las que compartí el viaje, somos las mismas chicas de antes.

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La misión me ha ayudado a salir de mí completamente, a darme a los demás y ser capaz de ver en ellos el rostro de Dios. También me ha hecho ser consciente de todo lo que tenemos aquí y de lo poco que lo valoramos, de qué es realmente un problema y qué sólo tonterías con las que decidimos complicarnos un poco la vida.

Espiritualmente me ha servido muchísimo. Si algo saco en claro de todo el viaje es que Dios jamás se olvida de nosotros, que está ahí para y por cada uno de nosotros, esperando ansioso a que agarremos su mano para poder salvarnos, y que siempre, siempre, podremos encontrarlo en lo más pequeño, en lo humilde, entre los más sencillos. Esto me resulta, aparte de bonito, extremadamente esperanzador sobre todo en los tiempos que vivimos.

Otra cosa que me asombró fue la felicidad de los niños de allí. Sus risas eran diferentes a las de aquí, eran capaces de disfrutar de la vida, del día a día, a pesar de lo poco que tenían… y eso me descubrió que nosotros, los rodeados de miles de lujos y comodidades, éramos los verdaderamente pobres por dentro.

Ahora que estoy de nuevo en mi ciudad y después de haber reflexionado acerca de todas las experiencias y gracias recibidas a lo largo del viaje, no es que quiera, sino que tengo la necesidad de continuar la misión que comencé en Ecuador, pero aquí, en mi entorno, con mi familia, amigos y conocidos. ¡Así que manos a la obra; aún hay mucho por hacer!”

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Hermana Clare

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Soy la «ovejita perdida» de la Hna. Clare

Angélica Bustos (Chile): G racias a la Hna. Clare que, aunque no la conocí, cambió mi vida por completo después de su partida.

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