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Categoría: Junio

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Vigilia de oración por los sacerdotes en Guayaquil (Ecuador), 3 de junio de 2018.

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El jueves anterior al Corazón de Jesús, se celebra en Ecuador la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote. Vimos que podía ser muy bueno, aprovechando la cercanía de las dos celebraciones, realizar una vigilia de oración agradeciendo el don del sacerdocio y pidiendo la santificación de los sacerdotes. Llamamos a la iniciativa: “Sacerdotes con el Corazón de Cristo”

Nos pusimos en contacto con todos los sacerdotes que pudimos para invitarles a unirse a la celebración acompañados de sus fieles. También se puso en unos papeles el nombre del P. Rafael, de todos los sacerdotes de la diócesis, de todos los Siervos, y de sacerdotes cercanos al Hogar, para que quien viniese cogiese un papel y se comprometiese a rezar por ese sacerdote todo el año.

Comenzamos con una Misa solemne en la que nos acompañó cantando el seminario de Guayaquil. Terminada la Misa, tuvimos una hora Santa en la que varios sacerdotes hicieron una breve reflexión relacionando el Sacerdocio con la Eucaristía, con el Corazón de Jesús, con la Misericordia y con María. Intercalamos textos del Sto. Cura de Ars e hicimos una letanía de peticiones por los sacerdotes. Parecía que estábamos en el cielo.

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Al terminar la hora santa comenzamos turnos de oración que prolongamos a lo largo de toda la noche. Un momento especialmente emotivo fue cuando llegó un sacerdote y poniéndose de rodillas al comienzo de la Iglesia avanzó hasta el presbiterio seguido de todos sus fieles, igualmente de rodillas.

Nos acompañaron cubriendo las distintas horas diversos movimientos y parroquias. Los Siervos no dejaron de confesar a lo largo de toda la noche. Cada hora se ofrecía por el Papa, por los obispos, por el padre Rafael, por una comunidad de Siervos, y por un grupo de sacerdotes diocesanos, además de por todos los sacerdotes de un continente concreto. La hora de 3 a 4 la ofrecimos por aquellos que habían dejado el ministerio.

Fue verdaderamente un regalo, que nos llenó de alegría y gratitud por tantos santos sacerdotes que han estado y están presentes en nuestras vidas, y nos movieron a la oración para que el Corazón de Jesús identifique a cada uno de ellos con Cristo sacerdote.

Ojalá cada día seamos más agradecidos al Señor por no habernos dejado solos, y por poder contar especialmente con su presencia gracias a sacerdotes que entregan generosamente su vida para que otros “tengan Vida”.

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